CAMINO DE ABAJO HACIA ARRIBA
Si algún día vienes a verme has de saber que el agua de vertiente que encontraras se formó a partir de las lágrimas que derrame por mi amor.
Él era un soldado español de nombre Rodrigo Fernández de Araujo. Aún recuerdo cuando nos conocimos. Sabíamos que no era lo correcto porque estábamos traicionando a nuestra gente y creencias.

Aunque aquello no nos importaba, lo único que nos importaba era que él estuviera conmigo y que yo estuviera con él.
Por desgracia, como soldado español, debió partir a luchar contra mi pueblo, ambos entendíamos la situación. Mis sentimientos eran confusos, ¿qué debía hacer? Quería rogarle a la Pachamama, pero ¿por quién?, ¿por mi amado Rodrigo o por mi gente?
Rodrigo partió y yo me quedé esperándolo en nuestro cerro, donde a escondidas nos reunimos para demostrar nuestro amor. Subí a su cima y me quedé mirando hacia el valle con la esperanza de poder verlo cuando viniese de vuelta y partir a encontrarme de inmediato con él.
Espere…, espere… y espere. El tiempo avanzaba como las aguas de un río que siempre fluye y nunca se detiene.
Un día. El machi del pueblo, me contó algo que yo intuía que podría haber ocurrido, pero que no quería aceptar: Rodrigo había muerto.
Lo ocurrido rompió mi corazón, mientras que aquella mujer me recalcaba una y otra vez que esto era un castigo por nuestro amor.
Fue así como, para no oírla más y por sobre todo, calmar la tristeza por su pérdida, subí a lo alto de esa montaña donde nos conocimos. Cada paso era difícil, mis lágrimas sólo confirmaban la intensidad de mi amor por él.
Al llegar arriba volví a mirar hacia el valle. Sabía que él no volvería a mí, pero así y todo, igual yo deseaba poder verlo desde allí.
Observé todo el lugar, sin embargo, no pude encontrarlo. Al final me quedé mirando en la dirección en que había partido cuando nos despedimos por última vez.
Tomé un poco de mis lágrimas que aún corrían y con la ayuda del viento, las sople hacia allá. Éstas continuaban rodando por mis mejillas, acumulándose en mis pies, formando una fuente que poco a poco iba escurriendo cerro abajo donde comenzaron a crear una pequeña vertiente.
Su superficie reflejaba el cielo azul, mismo cielo en el que espero encontrarme algún día con mi amor.
Rodrigo, sólo quiero contarte que pronto yo también seré como el agua de esa vertiente y cuando el sol abrazador me golpee subiré hacia donde tú estás, para de esa forma, poder volvernos a abrazar.
Quédate allí y no pierdas de vista esa fuente que en poco tiempo más, estará contigo, tu princesa Orolonco.
Relato adaptado de la leyenda de la Princesa Orolonco.

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